domingo, 23 de diciembre de 2007

Hija de la ansiedad

De niña me mordía los nudillos de ambas manos y las falanges de algunos dedos. Mi piel estaba como la piel de una vieja tortuga. No se cuánto tiempo duró esto pero fue bastante.
Luego fui trasladando mi ansiedad de objeto en objeto y hoy, a mis 30 cumplidos, me puedo dar cuenta de todo esto y pensarlo para darle un lugar en mi existencia y erradicarlo definitivamente. Uno es ansioso y no se da cuenta. Uno es manejado por la ansiedad.
Yo me di cuenta de que hablé por ansiedad, fui ridícula verbalmente por ansiedad, me reí por ansiedad, elucubré por ansiedad, me mordí la comisura de los labios por ansiedad, el interior de mi boca también, en fin.... amé o creí amar también producto de mi ansiedad.... es por eso que me defino como una hija de la ansiedad.
Hasta mis 30 años o hasta antes de cumplirlos, todo fue un trajinar acelerado. Un torbellino. No es que no lo acepte o que no me guste así, pasa que la ansiedad llegado un punto no te deja disfrutar. Es tal el estado de aceleramiento que uno no puede pensar ni hilvanar las ideas.
Lo positivo es darse cuenta. Darse cuenta de que la podes erradicar de tu vida con ayuda psicológica. Se puede. Se puede.

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